EL DIRECTOR TÉCNICO
Por: Eduardo Galeano (Uruguay)

Antes existía el entrenador, y nadie le prestaba mayor atención. El entrenador murió, calladito la boca, cuando el juego dejó de ser juego y el fútbol profesional necesitó una tecnocracia del orden. Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas. El entrenador decía: Vamos a jugar. El técnico dice: Vamos a trabajar. Ahora se habla en números. El viaje desde la osadía hacia el miedo, historia del fútbol en el siglo veinte, es un tránsito desde el 2-3-5 hacia el 5-4-1. pasando por el 4-3-3 y el 4-4-2. Cualquier profano es capaz de traducir eso, con un poco de ayuda, pero después, no hay quien pueda. A partir de allí, el director técnico desarrolla fórmulas misteriosas como la sagrada concepción de Jesús, y con ellas elabora esquemas tácticos más indescifrables que la Santísima Trinidad. Del viejo pizarrón a las pantallas electrónicas; ahora las jugadas magistrales se dibujan en una computadora y se enseñan en video. Esas perfecciones rara vez se ven, después, en los partidos que la televisión transmite. Más bien la televisión se complace exhibiendo la crispación en el rostro del técnico, y lo muestra mordiéndose los puños o gritando orientaciones que darían vuelta al partido si alguien pudiera entenderlas. Los periodistas lo acribillan en la conferencia de prensa, cuando el encuentro termina. El técnico jamás cuenta el secreto de sus victorias, aunque formula admirables explicaciones de sus derrotas: Las instrucciones eran claras, pero no fueron escuchadas, dice, cuando el equipo pierde por goleada ante un cuadrito de morondanga. O ratifica la confianza en sí mismo, hablando en tercera persona más o menos así: «Los reveses sufridos no empañan la conquista de una claridad conceptual que el técnico ha caracterizado como una síntesis de muchos sacrificios necesarios para llegar a la eficacia». La maquinaria del espectáculo tritura todo, todo dura poco, y el director técnico es tan desechable como cualquier otro producto de la sociedad de consumo. Hoy el público le grita:¡No te mueras nunca! Y el Domingo que viene lo invita a morirse. El cree que el fútbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, pero los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi.
EDUARDO GALEANO
Eduardo Galeano (1940–2015) fue un escritor, periodista y ensayista uruguayo, considerado una de las figuras más influyentes de la literatura latinoamericana contemporánea. Nació el 3 de septiembre de 1940 en **Montevideo> y falleció en la misma ciudad el 13 de abril de 2015.
Desde muy joven trabajó en el periodismo. Fue caricaturista, editor y redactor del semanario Marcha, una de las publicaciones intelectuales más importantes de Uruguay. Tras el golpe de Estado uruguayo de 1973, fue encarcelado brevemente y posteriormente se exilió primero en Buenos Aires y luego en Barcelona, donde continuó desarrollando su obra.
Su libro más conocido es Las venas abiertas de América Latina (1971), un ensayo sobre la historia económica y política de América Latina y la influencia de las potencias extranjeras en la región. La obra se convirtió en un clásico del pensamiento latinoamericano y ha sido traducida a numerosos idiomas.
Entre sus obras más importantes también destacan:
-Memoria del fuego (1982–1986), una trilogía que reconstruye la historia del continente americano mediante breves relatos.
-El libro de los abrazos (1989), una colección de textos breves que combina narrativa, poesía y reflexión.
-Patas arriba: La escuela del mundo al revés (1998).
-Espejos: Una historia casi universal (2008).
El estilo de Galeano se caracteriza por mezclar periodismo, historia, ensayo y literatura en textos breves de gran fuerza poética. Sus escritos abordan temas como la memoria histórica, la justicia social, los derechos humanos, la identidad latinoamericana y las desigualdades económicas.
Recibió numerosos reconocimientos internacionales, entre ellos el Premio Stig Dagerman en 2010 por su defensa de la libertad de expresión y la dignidad humana.

Equipo Escritores Rebeldes
